
BV7 Casa Rehabilitación | Calheta
Cliente: Privado
Superficie: 44m2
Equipo: por definir
Construcción: por definir
Contractualización: 2024
[En licencia]
La casa Calheta nació de escuchar el lugar. Un fragmento de edificio dormido entre el mar y la calle, con apenas 40 metros cuadrados.
Es un gesto comedido, que no pretende más que habitar respetuosamente el claro que el tiempo ha dejado tras de sí. El océano está ahí, absoluto, continuo. La arquitectura sólo tiene que abrir los ojos.
Intervenir sin molestar
El silencio de la fachada
Desde la calle, la casa es casi indistinguible. Conserva el grosor del tiempo, el diseño de las ventanas, la proporción de la puerta. Intervenimos en el interior, dejando la calle intacta.
Porque la arquitectura también consiste en callar y reconocer que, a veces, todo está ya diseñado e integrado en el conjunto.
Donde la luz dibuja el tiempo
Buscar la importancia de la luz
Aprovechamos la antigua buhardilla, no como un gesto de expansión, sino como una comprensión de lo que ya estaba allí, latente. Era un volumen oculto bajo el tejado, a la espera de ser habitado por la luz.
Este espacio superior y discreto acoge ahora el descanso. No es un piso. Es un intervalo. Un lugar contenido donde el techo inclinado dibuja el tiempo. La pendiente crea rincones de sombra y zonas de proximidad al cielo. Hay una ventana, colocada con precisión, que ofrece al cuerpo tumbado la línea del mar. Un gesto mínimo que transforma todo el espacio.
La luz, que viene de arriba y de frente, no entra como efecto. Entra como materia. Revela las texturas, marca el ritmo del día y lleva consigo el silencio del océano. La arquitectura simplemente excava, no con demolición, sino con cuidado. Retira, vacía, apuntala. Para que suceda lo esencial: la presencia del mar, el cobijo del techo, el soplo de la luz.
Es en este equilibrio entre lo abierto y lo protegido donde la casa encuentra su lugar. Una arquitectura que no inventa, sino que escucha. Que no añade, sino que revela.
Donde la luz dibuja el tiempo
Buscar la importancia de la luz
Aprovechamos la antigua buhardilla, no como un gesto de expansión, sino como una comprensión de lo que ya estaba allí, latente. Era un volumen oculto bajo el tejado, a la espera de ser habitado por la luz.
Este espacio superior y discreto acoge ahora el descanso. No es un piso. Es un intervalo. Un lugar contenido donde el techo inclinado dibuja el tiempo. La pendiente crea rincones de sombra y zonas de proximidad al cielo. Hay una ventana, colocada con precisión, que ofrece al cuerpo tumbado la línea del mar. Un gesto mínimo que transforma todo el espacio.
La luz, que viene de arriba y de frente, no entra como efecto. Entra como materia. Revela las texturas, marca el ritmo del día y lleva consigo el silencio del océano. La arquitectura simplemente excava, no con demolición, sino con cuidado. Retira, vacía, apuntala. Para que suceda lo esencial: la presencia del mar, el cobijo del techo, el soplo de la luz.
Es en este equilibrio entre lo abierto y lo protegido donde la casa encuentra su lugar. Una arquitectura que no inventa, sino que escucha. Que no añade, sino que revela.
Precisión, uso y permanencia
El tiempo atrae la materia
Los materiales elegidos responden directamente al lugar: cal en las paredes, madera en los elementos estructurales y de contacto, piedra local en los cimientos y en las zonas más desgastadas. No intentamos reproducir un pasado ni evocar una imagen tradicional: desde el principio intentamos continuar un lenguaje que el tiempo ya había escrito.
El interior fue diseñado íntegramente por nuestro equipo. Cada plano, cada junta, cada grosor es el resultado de una cuidadosa construcción de proporción y aprovechamiento. Optamos por un diseño riguroso y funcional, donde la materialidad fuera evidente pero nunca decorativa. Las superficies de madera han sido tratadas para resistir un uso intenso y la proximidad del mar, pero conservan la lectura natural del grano y la imperfección.
Los muros de cal dialogan con la humedad del aire y ayudan a regular el ambiente interior. La luz que entra por las aberturas frontales atraviesa estos materiales y refuerza su presencia, más por absorción que por reflexión. La piedra de la planta baja sirve de base térmica y física, acogiendo los pasos, la arena de la playa y los gestos cotidianos.
Trabajamos con materiales que no sólo pertenecen al lugar, sino que aceptan el envejecimiento como parte de su identidad. La casa no se diseñó para mantener un estado inmutable, sino para madurar con el tiempo, el uso y el clima.
Es en la precisión de los detalles y la continuidad de los materiales donde se afirma la arquitectura. Discreta, pero construida hasta el final.
Galería de proyectos
Características únicas que lo distinguen
Casa Atlántica en Ribeira Grande
Situada en una parcela estrecha, junto al frente rocoso que da al Atlántico, la casa establece una relación absoluta con el mar: una vista continua y sin obstáculos.
La fachada tradicional se ha conservado rigurosamente -cal, madera y proporciones originales-, manteniendo el diálogo con el centro histórico. En la parte trasera, grandes y discretas aberturas difuminan los límites entre el interior y el océano.
El antiguo desván se transformó en un refugio habitable, con aberturas estratégicas que enmarcan el horizonte y garantizan la ventilación cruzada.
La materialidad -cal, madera y piedra- se traduce en durabilidad frente al mar y coherencia con el contexto.
Con sólo 40 m², el proyecto demuestra que la pequeña escala no limita la ambición: cada detalle se ha diseñado para optimizar la luz, la circulación y el confort, arraigando la arquitectura en su lugar de forma silenciosa y precisa.











